"La muchacha de las bragas de oro" de Juan Marsé

"La muchacha de las bragas de oro" de Juan Marsé
"La muchacha de las bragas de oro" de Juan Marsé
Juan Marsé, “La muchacha de las bragas de oro”, 1976

AUTOR


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SINOPSIS


Luys Fores, viejo escritor falangista, viudo y con un prestigio literario ya reducido a casi nada, se dedica a escribir sus memorias, en las que retoca incesantemente su pasado para convertir hechos vulgares, desagradables o incómodos en lo que parece más novelesco, poético u oportuno en la situación actual; a su lado, su sobrina Mariana, la muchacha de las bragas de oro, que da título irónicamente balzaquiano a la novela, le acosa con una voz desgarrada y cínica que combate las fabulaciones mentirosas del escritor. Pero en este juego de rehacer interesadamente la verdad de su pasado va a darse una cascada de sorpresas que proporcionarán un final inesperado al libro. El relato, que empieza como una sátira política, contraponiendo la “chatarra retórica” de Forest a la corrosiva franqueza de Mariana, va adentrándose poco a poco en zonas cada vez más profundas que añaden una insólita dimensión a la novela. La sátira acaba en una fantasmagorica ambigua y misteriosa, entre Borges y Henry James, que convierte esta obra de Marsé en la más ambiciosa de todas las suyas. Partiendo de una serie de situaciones y personajes característicos en su producción. “La muchacha de las bragas de oro” va mucho más lejos, enriqueciendo sus perspectivas y dándonos el más completo y maduro de sus libros.


CONCLUSIÓN


Lo reconozco: si leí en su día “La muchacha de las bragas de oro” fue por culpa de su sugerente título. Me apetecía mucho cambiar de registro y leer algo que fuera más atrevido de lo que suelo elegir normalmente como lectura. Era la primera vez que leía algo de Juan Marsé, y la verdad es que no me he vuelto a animar desde entonces.

Lo primero que llamó mi atención el personaje de Luys Forest. Es un hombre cuyo objetivo, avanzado ya el otoño de su vida, es redimirse del compromiso que adquirió en otra época con el régimen franquista. Escribiendo sus memorias pretende lavar su imagen y su conciencia, optando por reescribir su historia conforme a los nuevos vientos que soplan. Se pone encima una chaqueta política que está más de moda, menos roída por las polillas.

Quizá con ello Juan Marsé quiso homenajear a todos los Luys Forest que aparecieron tras la muerte de Franco. No es casual que esta novela se publicara (y además, avanzada por la editorial Planeta con su premio más famoso) cuando el cadáver del dictador estaba aún tibio y la democracia, a punto de dar a luz.

La labor ocupa todo el tiempo del jubilado. Tan sólo se ve interrumpida por los paseos que da con el perro por la playa. Sin embargo todo cambia con la llegada de Mariana, su rebelde sobrina: la muchacha de las bragas de oro. Mariana es un personajes que, a pese a ser inteligente y mordaz, no me llegó nunca a convencer. Es una niña mimada y consentida que ha agotado la paciencia de su madre, y que por ello es enviada con el tío Lluys, con la intención de que el cambio de aires le baje un poco los humos.

Muchos lectores piensan que el personaje de Mariana está excesivamente erotizado. Puede que tengan razón, pero particularmente disfruté con las travesuras de la joven y me encantó la forma en que juega con Luys Forest. El pobre jubilado parece un ovillo de lana de un gatito precioso que parece inocente pero traicionero, que en cuanto se le antoja, saca las uñas.

“La muchacha de las bragas de oro” es una novela en la que el autor, Juan Marsé, juega al despiste con sus personajes y también con el lector. Qué es real y qué es mentira, qué ocultan y qué desean mostrar tío y sobrina. Los hechos acontecidos en el pasado resucitan para trastocar el presente. Pero surge algo más: tanto Mariana como Luys Fores luchan por ser el dios del universo que comparten. Ambos desean contruir una realidad paralela en la que poder tener todo el control. Sin embargo, los límites comienzan a desdibujarse y distinguir entre lo real y lo ficticio comienza a tornarse cada vez más difícil. Su distorsionada realidad se apodera de sus vidad.

El lector también participa en este juego incoscientemente, quiera o no. Hay momentos en los que es imposible distinguir entre las verdades a medias y las mentiras encubiertas y uno acaba perdido sin remedio.

Esta novela me decepcionó. A pesar de que Juan Marsé escribe muy, muy bien, y a pesar de que disfruté del uso de las metáforas que salpican su prosa, de su rico vocabulario y de pasajes estelares en los que mostraba su habilidad con las letras y su ingenio, creo que su tan característica escritura es un impedimento para que llegue a todo el mundo. Tiene mucha personalidad escribiendo, es muy meticuloso en los detalles más mimios y adjetiva muchísimo. Uno de los rasgos que acusé fue, por ejemplo, la extensión de ciertos párrafos excesivamente largos llegando a superar los cincuenta renglones. Tampoco me convencieron los diálogos y hubo veces en que mantener los ojos entre sus páginas se me hizo tarea casi imposible. La estructura de su novela me resultó un poco caótica, sin llegar a ser compleja. Esto no contribuyó a que mejorara mi valoración de la misma, ni mucho menos. No pude evitar perderme entre tantas mentiras, medias verdades y verdades matizadas.

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